Arquitectura del Museo de la Evolución Humana - MEH
Navarro Baldeweg aporta dinamismo a la funcionalidad del conjunto y mantiene sus claves estéticas. Así, la zona más espectacular será la del Museo, que ocupa el área central del solar y reproducirá la imagen de los propios yacimientos con una especie de trincheras que simulan los cortes orográficos y estratos de la Sierra de Atapuerca. Su superficie supera los 8.000 metros cuadrados útiles y cuenta con dos salas principales, la que albergará la exposición permanente y otra la destinada a exposiciones temporales.
En su zona interior, el Museo está bañado por una luz cenital, filtrada a través de la cubierta del edificio, concebida a su vez a imagen del terreno del yacimiento de Atapuerca. El Museo tiene un gran impacto visual externo, ya que su entrada principal da a una gran plaza pública elevada y ajardinada que se antoja como un mirador desde el que se puede contemplar la Catedral y el río Arlanzón.
Vista interior del MEH obra de Navarro Baldeweg
El interior del museo es un gran ámbito con abundante luz, ya citada, en el que se disponen los prismas o secciones de terreno sugiriendo un transporte de fragmentos del paisaje cercano del yacimiento de Atapuerca. En los pasillos o “desfiladeros” que se encajan entre los prismas se hacen presentaciones didácticas del yacimiento arqueológico en sus aspectos geológicos o paleontológicos.
Al fondo de estos grandes prismas se disponen bandejas o áreas destinadas a una parte del museo, más convencional, para objetos e instalaciones de tres plantas. Se unen estas plantas por unas rampas que permiten una visión entrecruzada de ellas y, por tanto, de sus áreas expositivas con la posibilidad de integrar sus contenidos.
En esta arquitectura hay algo narrativo: el continente establece una estrecha alianza con su contenido, expresa o habla de lo que se expone. Podemos decir que es arquitectura “parlante” y que el museo en su geológica suministra una información que se identifica al conocimiento que difunde.
El Museo de la Evolución se integra como una gran unidad bajo la cubierta común que aparece como una lámina metálica resuelta en forma de pliegues, como una capa flexible, o unas alas, una superficie algo informe, en cuya parte central se incorpora un sistema de lucernarios corridos para albergar la zona del museo.
La estructura del edificio es de hormigón y mixta de acero y hormigón, los cerramientos son de aluminio, de grandes paneles prefabricados (en color ocre) y superficies acristaladas. La cubierta es también de aluminio y cristal. Junto a estos materiales tienen importancia los acabados en césped de la plataforma inclinada de la entrada y de las secciones prismáticas del interior del museo.